Había siete cámaras filmándolos. Alarmas listas para ser activadas. Casi una decena de empleados. Pero a ellos no les importó: a plena luz del día, dos asaltantes entraron armados a las oficinas de una vidriería situada en barrio Ciudadela, y luego de amenazar de muerte a varias personas, robaron más de 10.000 dólares. "Todo duró poco más de un minuto. Fue rapidísimo", dijo Luis Cavanna, encargado de la firma.
Hace poco más de un año, cuando la empresa "Vidriería del Centro" decidió mudarse al local de Amador Lucero al 600, sus dueños decidieron invertir varios miles de pesos en un sistema de circuito cerrado. Ayer, esas cámaras no disuadieron a los delincuentes, aunque al menos registraron cada uno de sus movimientos.
A las 9.18, pasaron en moto por el frente de la empresa; cuando parecía que iban a seguir de largo, dieron la vuelta y subieron a la vereda.
En ningún momento se sacaron el casco. El primero de los delincuentes se bajó ante la puerta de entrada de las oficinas de la firma; el otro siguió en la moto hasta un galpón que está al lado y estacionó junto a un acceso lateral. "Se ve que conocían el movimiento del local, porque sabían que podían entrar por dos lugares", dijo uno de los empleados.
El que había ingresado por la puerta principal fue directamente hacia la cajera; el otro caminó hacia Carolina Bastarrica, gerenta de la firma, que en esos momentos estaba sentada ante su escritorio haciendo unos trámites. "Yo estaba muy concentrada, acomodando unos billetes. Vi que entraba un muchacho con casco puesto, pero acá eso es normal, porque llega mucha gente de otras empresas en moto para hacer trámites. Parece que el tipo le dijo a uno de los empleados que se tirara al piso. Yo no escuché eso, y cuando levanté la mirada, pensé que el chico se había desmayado. ?¿Qué le pasa a José??, dije, y cuando miré a mi alrededor, vi que todos estaban haciendo lo mismo. De golpe, escucho que uno de los tipos me grita: ?¡Dame todo lo que tenés!?", relató.
Encuentro cercano
Carolina fue quien más dialogó con los asaltantes. "Al que se había acercado a mí le decía que se llevara todo lo que quisiera. Le ofrecí la computadora, el celular; había unos $ 500 sobre el escritorio que eran de la caja chica. El levantaba todo y no le alcanzaban las manos. De todas formas, me preguntaba qué más tenía. Ahí se dio cuenta de que cerca de la silla estaba mi cartera. Ahí, por casualidad, yo tenía los dólares. Pero nunca manejamos tanto dinero acá", añadió.
Desesperada, la gerenta forcejeó con el asaltante; pero su cómplice intercedió en el acto, alzando la mano y apuntando hacia donde ella estaba. "¡Quedate quieta!", gritó. Carolina no tuvo otra opción que obedecer y quedarse viendo, impotente y asustada, cómo los ladrones escapaban con el dinero a bordo de una moto.
Al momento del robo, Cavanna estaba en su oficina. Pero todo fue tan rápido que no tuvo tiempo de hacer nada. "Las cámaras filmaron todo que ocurrió. Ya le entregamos una copia a la Policía", dijo.
Cuando los ladrones se marcharon, entre los empleados reinaba el desconcierto. "Uno de los delincuentes había remontado la pistola. No sabemos si gatilló", contó uno de los encargados.
Carolina remarcó que los ladrones actuaron con total serenidad. "Y eso que eran dos tipos contra 20. Mañana (por hoy) pondremos un guardia; gente que nos cuide. Se suponía que con las cámaras y las alarmas teníamos todo cubierto. Además, nosotros no operamos con dinero. Nos quedó una sensación terrible", finalizó.